Camina La Habana y levanta tú la niebla
FOG esconde el mapa del mundo y solo devuelve lo que has caminado. La Habana es plana, cuadriculada y está construida a lo largo de un muro de mar, así que aquí la niebla sale en tiras largas y seguras.
Tres ciudades en fila
La Habana se lee como tres piezas caminables puestas una detrás de otra junto al agua. La Habana Vieja es la más antigua, una cuadrícula colonial compacta tendida entre cuatro plazas: la Plaza Vieja, la Plaza de la Catedral, la Plaza de Armas y la de San Francisco. La calle Obispo la atraviesa por el medio como espina peatonal. Las manzanas son cortas, las calles angostas, y en una mañana larga despejas casi todo el casco.
Al oeste está Centro Habana, más densa, más ruidosa y mucho menos restaurada: una cuadrícula apretada de edificios altos y estrechos con el Paseo del Prado en su borde este. Sigues y llegas al Vedado, que es otra cosa completamente distinta. El Vedado está trazado sobre una cuadrícula racional en la que las calles de un sentido llevan número y las del otro llevan letra, así que la calle 23, más conocida como La Rampa, cruza con G, la Avenida de los Presidentes, y en todo momento sabes exactamente dónde estás.
Esa diferencia de trazado entre los tres barrios es justamente lo que hace de La Habana una ciudad interesante de llenar. Cada pieza se comporta distinto en el mapa, y la estrategia que funciona en una no funciona en la siguiente.
Una ruta concreta, el Malecón y La Rampa
El Malecón es el movimiento evidente y se merece su fama. Es un muro de mar con su calzada que corre unos ocho kilómetros desde la boca de la bahía, en La Habana Vieja, por delante de Centro Habana y más allá del Vedado. Caminarlo de punta a punta dibuja una línea ininterrumpida que ata los tres barrios, y no hay mejor manera de entender cómo está ordenada la ciudad.
Hazlo a última hora de la tarde. En invierno, cuando entra un norte, las olas pasan limpias por encima del muro y cruzan la calzada, y la espuma llega hasta los edificios de enfrente. Después gira tierra adentro por la calle 23 y sube La Rampa hacia el Vedado, pasando el Hotel Nacional en su pequeño promontorio, y termina en la Plaza de la Revolución. Es una tarde completa y una cantidad seria de niebla levantada.
Para la mañana siguiente, La Habana Vieja entera en espiral: Obispo de punta a punta, después las cuatro plazas, y luego las calles que las unen sin repetir ninguna. Y para la tercera salida, el Vedado en peine, que es la más productiva de las tres.
Por qué el Vedado es la mejor parte para llenar
Si te gusta que un mapa se llene como es debido, el Vedado es el premio. La cuadrícula de números y letras permite recorrerlo de forma metódica, subiendo por una calle y bajando por la siguiente, y ver cómo la niebla sale en bandas paralelas limpias. Muy pocas ciudades del mundo te dejan ser así de sistemático, y ninguna otra parte de La Habana lo permite.
La Habana Vieja, en cambio, se llena como una mancha irregular, porque las calles coloniales no se alinean del todo y acabas volviendo sobre tus pasos. No es peor, es distinto: la densidad es tan alta que aunque repitas algún tramo el bloque queda sólido igual.
La ciudad es plana y está a nivel del mar, así que aquí el único costo es la distancia. El límite real es el calor: hace calor y humedad la mayor parte del año, y el mediodía del verano no es clima de caminar. La sombra escasea en Centro y mejora bajo los soportales del Prado y en las avenidas anchas y arboladas del Vedado, que además son las que más rinden.
Clima y señal
Clima. El invierno, de diciembre a marzo, es la mejor temporada: temperaturas cómodas, menos humedad y esos nortes que ponen el Malecón espectacular. El verano es húmedo y pesado, con aguaceros de tarde que pasan rápido, y el mediodía se lo dejas a otra persona. La mañana temprano y el final de la tarde son las dos ventanas buenas durante casi todo el año.
Señal. En el Malecón, con el mar abierto de un lado, el trazo sale muy limpio. En las calles estrechas de La Habana Vieja, entre edificios altos y balcones, el punto puede correrse un par de metros, que es lo normal en cualquier casco colonial. En el Vedado, con avenidas anchas y construcción mayoritariamente baja, vuelve a ser bueno.
El teléfono guardado. FOG sigue despejando con la app cerrada y la pantalla apagada, así que no hace falta llevarlo en la mano. Todo lo que registra se queda en el aparato: sin cuenta, sin registro, sin nube, sin analíticas, sin anuncios y sin rastreadores, y la app no necesita mandar nada a ningún servidor. Cuando quieras, exportas tu recorrido completo en un archivo GPX normal y es tuyo.
Preguntas que la gente hace de verdad
¿Qué parte de La Habana es más satisfactoria de despejar?
El Vedado. La cuadrícula de números y letras deja subir por una calle y bajar por la siguiente, así que la niebla sale en bandas paralelas limpias.
¿Cuánto mide el Malecón a pie?
Unos ocho kilómetros de muro de mar desde la boca de la bahía, por delante de Centro Habana y a lo largo del Vedado. Dibuja una sola línea continua que cruza la ciudad.
¿Mi mapa se guarda en algún sitio fuera del teléfono?
No. No hay cuenta ni nube. El mapa no sale nunca del aparato, y puedes exportarlo si quieres una copia.
¿FOG trae guías de La Habana?
No. Sin rutas curadas, sin guías y sin contenido local. El mapa de niebla de guerra funciona igual en toda la Tierra y lo único que cambia son las calles.
¿Necesito conexión para que despeje?
El levantado de niebla ocurre en el teléfono con la ubicación del propio aparato. Los mosaicos del mapa sí necesitan conexión para dibujarse, pero tu recorrido se registra igual.
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